Cuando
todavía no se han apagado los ecos -en realidad, resuenan como
nunca- de la polémica causada por las presuntas trampas del
campeón Vladimir Kramnik, quien según su derrotado rival
recibía ayuda de un programa informático, la editorial
Grijalbo ha editado «La máquina de ajedrez». La novela, que
supone el debut literario del joven autor alemán Robert Löhr,
cuenta la asombrosa historia de El Turco, un autómata
ajedrecista presentado en la segunda mitad del siglo XVIII
ante la corte de la emperatriz María Teresa de Austria. El
ingenio no es sólo la primera máquina pensante conocida, sino
una de las mayores estafas de la historia, por cuanto escondía
en su interior a un enano con gran talento para el juego que
movía las piezas mediante un complejo sistema mecánico
(bastante meritorio en sí mismo).
El Turco nació en el momento justo, durante el imperio austrohúngaro (Berlanga debería llevar la historia al cine), en plena fiebre por los autómatas y en una época de increíble credulidad. «Funcionará, porque quieren creer», asegura a sus colaboradores su creador, Wolfgang Von Kempelen, mientras maquina cómo perfeccionar su fabuloso engaño. La máquina, amalgama de madera, cables y estrepitosos engranajes diseñados con la idea de tapar el embuste, viajó por Europa y por los Estados Unidos y derrotó a personajes tan ilustres como Napoléon. De fiera mirada azul, el hecho de que su figura correspondiera a «un feroz musulmán, un sarraceno, terror de los cruzados y asesino de niños cristianos que responde sólo ante sí mismo y ante Alá», tenía el valor añadido de intimidar a sus contrincantes.
En la película «Sospechosos habituales», Kevin Spacey le hace decir a Keyser Sozé, otro turco temible envuelto en la leyenda, que «el mejor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía». La novela de Löhr se anuncia bajo el lema «La jugada maestra era ocultar su secreto». En ella también se narra el declive del inventor y el descubrimiento de su original truco.
Pero el libro no cuenta sólo el relato de un fraude histórico. Robert Löhr no descuida el drama de Tibor Scardanelli, el enano que mueve las piezas en la sombra. El verdadero ajedrecista era un buscavidas que se ganaba la vida de taberna en taberna, siempre con el riesgo -acentuado por su acondroplasia- de sufrir las iras de los rufianes a los que derrotaba por dinero.
Partidas a la luz de una vela
Encontrarse con Von Kempelen supuso para él un cambio de vida radical. A cambio de resolver sus problemas económicos, debió vivir confinado durante largos periodos de tiempo y permanecer escondido en un cubículo minúsculo, iluminado tan sólo por la luz de una vela. Jugaba además en una posición incómoda, mientras activaba las piezas con un pantógrafo que exigía habilidad y concentración. Al mismo tiempo, sin descuidar ni uno de sus peones, Scardanelli se ocupaba de las funciones accesorias del autómata, como el movimiento de ojos y la inclinación de la cabeza cada vez que daba jaque.
No acaban ahí los aciertos del berlinés Robert Löhr. Periodista, dramaturgo, guionista de televisión y titiritero, su currículum parece, desde luego, la combinación perfecta para acometer la novela, que incluye una apasionante historia de intriga. El ingeniero real Friedrich Knaus, primer derrotado del Turco y temeroso de perder el favor de la emperatriz, atesoraba los conocimientos suficientes para saber que en aquella época (y casi en cualquiera) era imposible construir una máquina pensante. La humillada víctima logra infiltrar en la casa de Von Kempelen a una cortesana, auténtico caballo troyano que intentará desentrañar el misterio.
A todo esto, los clérigos de Presburgo conminan al padre del autómata a acabar con su herejía. Robert Löhr añade a su cóctel unas gotas de pasión sexual, que hacen aún menos sorprendente su inmediato éxito, con una veintena de países interesados, por el momento, en la edición de la novela.


















De validarse lo difundido este martes por la Federación
Internacional de Ajedrez (FIDE), el Gran Maestro cubano Leinier
Domínguez exhibirá récord personal 2 677 puntos Elo en el ranking
que regirá desde el próximo primero de enero.
El ex campeón mundial de ajedrez devenido a dirigente político, Garry Kasparov, manifestó el temor a ser
envenenado, según señaló en una entrevista que realizó para el
semanario alemán “Die Zeit”. 

Mientras
la mayoría de los libros de ajedrez fueron más bien libros mejores
o peores de matemáticas, su sistema dejó patas arriba – sin lugar
a dudas – a todas las estrategias, aprendidas con muchos esfuerzos
hasta aquel momento (Durante los torneos, él mismo, con cierta
frecuencia, se puso patas arriba). 




























La Comisión Directiva de la Federación Paraguaya de
Ajedrez envió una terna en la que figuraban además del ganador, el joven
Manuel Latorre y la ajedrecista Gabriela Vargas Talavera. Entre ellos, el
jurado eligió a José F. Cubas.